Dia 4. Belorado a Agés

La etapa original era Belorado a San Juan Ortega, pero en el albergue nos informaron que en San Juan no había calefacción, ni agua caliente, que estaba en obras y que posiblemente estaría muy lleno. Puesto que Agés estaba a 3.7 kilómetros de San Juan decidímos acabar en Agés, y acortar la última etapa.

Esta etapa es una de las mas bonitas. Castilla abandona el asfalto y empezamos a caminar por un terreno campestre, entre campos de trigo, por donde podemos caminar felices. Pasamos por muchos pueblecitos separados entre ellos por escasos 5 o 6 kilómetros, lo que nos motiva a ir parando para tomar algo.

Tosantos, Villambistia… son pueblos pequeños donde hacer un “stop and go” para coger aliento… En Espinosa del Camino, nombre en honor de nuestra “pilgrim” Eli, hicímos una parada mas larga para probar los productos típicos: chorizo, jamón, queso, lomo… y vino tinto.

Unos kilómetros mas adelante llegamos a Villafranca Montes de Oca. A partir de este punto el recorrido cambia completamente. Nos adentramos en Montes de Oca, donde la suspuesta relación del Camino con el juego de la oca vuelve a hacerse patente.

El entorno se vuelve algo mas agreste, una ascensión constante y en algunos pasos algo dura, hasta llegar al monumento a los caídos. El camino esta bordedado de grandes arboledas, y en el horizonte podemos observar las cimas nevadas de Valdezcaray.

La ascensión fue algo dura, tras ella una empinada bajada, para acabar con las rodillas y por último una inclinadísima subida.

Un falsa subida va ganando metros por kilómetros y kilómetros. En cierta parte del recorrido hay una maravillosa esplanada que no desaprovechamos para hacer una paradita y tumbarnos al sol. A partir de esa esplanada comienza una suave bajada por varios kilómetros hasta San Juan.

San Juan Ortega se presenta como una joya del camino. Una iglesia impresionante, San Nicolás de Bari (s. XII), que ocupa casi todo el pueblo y que es un ejemplo del románico. San Juan fue colaborador de Santo Domingo en la construcción de hospitales, puentes y calzadas para el peregrino.

Tras una olivas, patatas y algo de zumo de cebada, iniciamos los últimos cuatro kilómetros hasta Agés. Un camino lleno de tranquilidad… caminamos por lo alto de una meseta, desde donde podemos observar todo el valle a nuestro alrededor…

Nos vamos cuenta que el verde no existe, que son innumerables tonalidades de él, las que han pintado cada uno de los grandes latifundios. De vez en cuando un pequeño pueblo rompe con esta paleta de colores… un árbol solitario o bien un campo arado rompen con los dominios de este color.

Agés es un pequeño pueblo con dos albergues y un bar. Se accede a él después de una pronunciada bajada. Nosotros llegamos al “El Pajar de Agés”. Un pequeño y nuevo albergue, con suelos de madera. Allí por sólo 7 € nos prepararón una reconstituyente cena: ensalada, paella, si he dicho paella y algo de fruta, regado con un buen vino Rioja. La cuarta etapa estaba ya hecha.
Montamos una timba de mus en el bar de Agés y, como no existe hora de recogida, ya que a partir de las ocho los hospitaleros se marchan y dejan las llaves del mismo para que regresemos a la hora que queramos, pues volvímos ya entrada la noche.

A la mañana siguiente, nos habían dejado pan, café, leche y sobaos en la cocina. Pudimos tostar el pan y acompañarlo de mantequilla y mermelada. Es una delicia que podamos montar el desayuno a nuestro antojo.

En este albergue conocímos a Montse, una chica de Igualada, que hace muchos años fue a vivir a Burgos y de la que nos hemos valido para dejar una sorpresa al grupo de “pilgrims” que irán en Mayo.

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