Creaciones

La gruta del olvido

Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
Ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
En la cueva del olvido,
Y hubo tanto ruido
Que al final llegó el final.

Hace unos años me hablaron de la cueva más profunda de Europa, la Grotte de La Verna. Esta cueva fue descubierta por un francés, George Lépineux, quien se topo con ella mientras estudiaba el macizo de piedra de San Martín (Francia). Al acceder se encontró con piezas arqueológicas que aun hoy son un misterio sin desvelar, entre otras halladas se destacan placas finas de oro repujado, que contaban historias y estaban dispuestas una al lado de otra como hojas en un gran libro, piezas de adobe de 3000 años antes de Cristo, tallas donde se ven personas montando dinosaurios, cosa que nunca debió suceder según nuestra historia, mesa y sillas talladas en piedra, entre otras.

Popularmente se la llama La Gruta del Olvido. Los lugareños dicen que es el lugar donde uno puede enterrar aquello que le sobra y le lastra en la vida. No hablo de lo físico, sino de lo espiritual, de esos recuerdos que nos pesan y nos entristecen. Un curioso lugar de 190 metros de profundidad, donde se podría ubicar la Torre Eiffel en su interior.

¿Cómo hacer lo que no hicimos?
¿Cómo recuperar lo perdido?
¿Dónde se fue lo que no dijimos?

A estas alturas de mi vida, la mochila que llevo a la espalda es pesada. Pensé que aquella seria la forma de aligerarla, así que cargado con ella me dirigí a San Martín.

De la nada, apareció el agujero, rodeado de una espesa niebla, caminando por su costado, y con mucho cuidado de no dar un paso en falso que me condujera directamente a las entrañas de la misma, de su interior provenía un silencio abrumador, un silencio que daba escalofríos, como si la vida se detuviera en este lugar.

¿Dónde se esconde el dolor sentido?
¿Dónde está el tiempo no vivido?
¿Dónde guardamos el amor que no dimos?

Caminar allí, por la oscuridad, y ver solo lo que la luz que portaba en mi mano alcanzaba a alumbrar, es, sin duda, una experiencia desalentadora, ya que estando allí, uno quisiera poder iluminar todo para poder ver la imagen completa y tomar allí un parámetro cien por ciento visual del tamaño de tremenda cueva.

Al acostumbrarse la pupila, se iba viendo en el suelo, como una sábana negra que corría a todo lo largo de la gruta, un arroyo del infierno que palpitaba con un temblor misterioso. En la oscuridad de la caverna abrí la mochila y comencé a sacar el contenido que durante tantos años había almacenado. Lo que hicimos sufrir y sufrimos, con lo que hicimos sentir y sentimos.

Parado al borde de aquel abismo, iba a tirarlo todo, a dejarlo allí para empezar de nuevo mi vida, para no llevar más esa carga sobre mis hombros. Para poder recuperar, todo lo perdido. Dar a mi vida sentido. En ese tramo final, tener de nuevo la oportunidad de hacer lo debido. Para no tener que cerrar por derribo.

Los caminos equivocados, que me habían permitido llegar a conocer nuevos lugares.

Las palabras que dije y no debía, que habían herido a alguien, pero que me permitieron pedir perdón y recibirlo.

Los miedos a lo desconocido, que me ayudaron a estar alerta, a ser más precavido, a prepararme mejor.

Los amores no correspondidos, los rotos, los no merecidos, que me ayudaron a amar con más intensidad, con más fuerza.

Los recuerdos tristes, que me ayudaron a ser más fuerte, a sobreponerme, a sonreír.

Los temores por la pérdida, que me ayudaron a valorar cada día, como si fuera el último, a vivirlo plenamente.

Las discusiones con aquellos a los que quiero, que me demostraron que importo, que me quieren y que nada puede cambiar esto.

Los errores, que fueron mi mejor aprendizaje, mi mayor éxito.

Finalmente, volví a cargar todo en la mochila, todo lo que parecía que me sobraba. Todo lo que me pesaba en el alma, no era otra cosa que la experiencia, los recuerdos, la vida.

Cogí un piedra, escribí algo en ella, algo muy íntimo y la tiré a la oscura oquedad. Y sin tan siquiera esperar a que llegase al final de su caída, me fui.Y aquí estoy.

¿Que hubieras dejado tú?

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